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Cuando el Shah salvó el F-14 Tomcat

A mucha gente le resulta curioso e incluso incomprensible el hecho de que el F-14 Tomcat fuera vendido a Irán, y aún más, desconoce por completo su actuación en combate con la IRIAF. Hasta el libro de Tom Cooper, poco y mal se había escrito de esto último. Teniendo en cuenta que la actuación del binomio Tomcat/Phoenix fue discreta en la US Navy (por decirlo de alguna manera), la Guerra de Irán-Irak fue una gran oportunidad para conocer las capacidades reales en combate de este, así como del combate BVR (más allá del combate visual), y que todo analista debería conocer a la perfección.

Sin embargo, no voy a escribir sobre esto último sino de lo que reza el título, de cómo el Shah de Persia salvó uno de los aviones que luego se convirtió en uno de los más emblemáticos e importantes de la US Navy.

Grumman Corporation fue la firma aeronáutica que creó el Tomcat, y fue precisamente este avión, el que le llevó casi a la bancarrota y a necesitar del crédito iraní.

El F-14 Tomcat fue la propuesta ganadora del RFP (Request for Proporsal) lanzado por el Naval Air Systems Command para el programa Naval Fighter Experimental (VFX) en julio de 1968. Había competido contra otros cuatro compañías, y fue finalista junto a McDonnell Douglas, ganando, claro está, la propuesta de Grumman, y firmándose en febrero de 1969 el contrato.

La victoria de la compañía radicada en Nueva York (esto sería importante como luego veremos) se debió a dos motivos, el primero es que se consideraba superior técnicamente su propuesta, y el segundo que Grumman Aerospace Corporation redujo a última hora considerablemente el coste. Pasó de 2.894 millones de dólares a 2.319, es decir, 474 millones menos. Esta reducción sería una de las causas de la crisis financiera de Grumman:

«GAC’s last-minute reduction not only won the award, but very nearly equals the actual loss thereafter incurred; it is the primary factor responsible for Grumman’s current financial difficulties».1

La sorprendente reducción del presupuesto en el último momento, dejó la oferta de Grumman en unas condiciones mucho mejores de lo que la propia US Navy esperaba. De hecho, durante las sesiones de negociación, inicialmente la US Navy adoptó unas posiciones bastante extremas, y para sorpresa de estos, fueron aceptadas sin protesta alguna.

Otro factor clave en los problemas económicos de Grumman fue el tope presupuestario. La compañía, por iniciativa propia, redujo éste del 130% al 125%, posiblemente el más bajo hasta la fecha en ese tipo de contratos. Por poner un ejemplo, el del F-15 fue del 150%, lo cual le dejaba margen de maniobra suficiente en el caso de sobrecostes. Sobrecostes que llegaron a Grumman por culpa de seis factores:

1. Aumento de gastos generales debido a una reducción drástica de la base de negocio de Grumman Aircraft. Esto fue motivado por la reducción de los pedidos del A-6E, el EA-6B y el E-2C, y del final de los viajes a la Luna, que dejó bajo mínimos el contrato con la NASA.

2. Aumento de la inflación, más del doble de lo previsto en la estimación inicial.

3. Disminución del número de F-14 de producción, sobre los que se distribuyó el aumento de los costes de investigación y desarrollo.

4. Mayores costos de desarrollo que los previstos, en particular del motor F401.

5. Accidente del primer avión de prueba el 30 de diciembre de 1970.

6. Grumman inició cambios de diseño necesarios para cumplir con las especificaciones de la US Navy.

En esta tabla pueden ver las pérdidas por cada lote producido (I al V) hasta el 30 de junio de 1973. En total más de 200 millones de dólares por tan solo 134 unidades.

Los resultados del contrato de Grumman para los F-14 dejó 207.9 millones de dólares en pérdidas hasta junio de 1973, que es cuando recibe un respiro. Grumman, acepta la producción del lote V con las condiciones del contrato original y las consiguientes pérdidas que ello conllevaba, a cambio de que hubieran cambios en el contrato.

Como hemos visto, el programa del F-14 Tomcat llevó a la compañía a una situación económica muy difícil, por lo que necesitaba urgentemente de fondos. Una de las oportunidades para poder obtenerlos fue el programa del Space Shuttle. Pero su propuesta no fue la elegida el 26 de julio de 1972, sino la de North American Rockwell Corporation perdiendo un contrato de 2.600 millones de dólares.

La siguiente oportunidad, aunque llega en 1972 y se materializa dos años más tarde, se inicia con los contactos de Grumman para colocar sus Tomcats en Irán en 1970, cuando ya eran evidentes los problemas de la compañía norteamericana.

Andrew Scott Cooper, en su libro «The Oil Kings: How the U.S., Iran, and Saudi Arabia Changed the Balance of Power in the Middle East» nos cuenta cómo el gobernador de Nueva York, Nelson Rockefeller, llama el 28 de julio de 1972 a Henry Kissinger para salvar a Grumman de la bancarrota a través de la venta de F-14 a Irán. Rockefeller tenía una estrecha relación con Kissinger y la familia Pahlavi, por lo que ejerció de nexo entre ambos. Aunque el Shah había mostrado cierto interés en comprar «algunos F-14», en los que estaba realmente interesado era en el F-15, queriendo dotar a su fuerza aérea, la por entonces Imperial Iranian Air Force con tres escuadrones.

Según Rockefeller, un pedido de 500 millones de dólares salvaría al quinto mayor contratista de defensa del país de la bancarrota y mejoraría la economía de Long Island, un bastión republicano, de cara a las elecciones de noviembre de ese año. Kissinger se mostró de acuerdo con la propuesta de Rockefeller y movió hilos para dejar vía libre a esa venta, aunque la última decisión sería del Shah.

No es hasta el 7 de enero de 1974 cuando se firma el primer contrato, ampliándose en junio de ese mismo año a un total de 80 F-14, 714 misiles de largo alcance AIM-54A Phoenix, repuestos, motores adicionales, misiles Sidewinder y Sparrow, etcétera. Todo ello por 2.000 millones de dólares. Sin embargo, el Congreso norteamericano en agosto de ese mismo año, justo cuando Grumman estaba iniciando la producción del primer Lote de importancia y los Tomcat iraníes, paraliza la financiación de todo el programa. Con Grumman al borde de la bancarrota, el Shah ordena al banco irani Melli realizar un préstamo de 75 millones de dólares, además de animar a otros inversores a realizar préstamos a la firma aeronáutica, asegurando así la producción de sus Tomcats.

De esta manera es como un proyecto polémico, boicoteado por congresistas y otros políticos, con graves problemas financieros, sale adelante gracias al dinero iraní, permitiendo la supervivencia de uno de los aviones más emblemáticos de todos los tiempos.

 

Notas:

1- McIve, 1993.

 

Bibliografía:

Sponsler, George C., N. Rubin, Dominique Gignoux y E. Dare. (1973). The F-4 and the F-14. Gaithersburg: Columbia Research Corporation.

Jon E. McIve (1993). The F-14 contract: a case study in major weapon systems acquisition and program management. Tesis. Monterey: Naval Postgraduate School.

Department of the Navy. U.S. General Accounting Office Staff Study on the F-14/PHOENIX weapon system. Marzo 1974.

Andrew Scott Cooper. (2011). The Oil Kings: How the U.S., Iran, and Saudi Arabia Changed the Balance of Power in the Middle East. Nueva York: Oneworld Publications.

Tom Cooper y Fazard Bishop. (2004). Iranian F-14 Tomcats in combat. Oxford: Osprey Publishing.

David Marash. (1977). How the Pentagon silenced Grumman. New York Magazine, 10(19), 35.

Seymour M. Hersh (1973). Jets for Iran: Did Grumman Influence U.S.? The New York Times, 18 de septiembre, 40.

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2 comentarios

  1. dani

    El mito de este avión debió mucho a cierta película, porque en la realidad no resultó tan buen avión.

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