El artículo tratará sobre los Emiratos Árabes Unidos, que a partir de la década de 1850 fueron denominados por los británicos como “los Estados de la Tregua” (EE.TT.) y el tipo de dominación que el Imperio ejerció sobre ellos. Elegí este ejemplo para mostrar que no todos los imperialismos fueron traumáticos para sus colonias, en este caso del inglés, y que hay numerosos casos de éxito. No trataré más allá de la Primera Guerra Mundial.

Origen de la presencia británica

La presencia británica en el golfo Pérsico estuvo motivada por un lado, por una mezcla de intereses comerciales de la East India Company (EIC), es decir, para mantener las vías comerciales marítimas entre Bombay y Londres a través del golfo Pérsico, además del comercio con las zonas del actual Irak, Irán y Omán. Por otro lado los geoestratégicos, ante la amenaza francesa tras la conquista de Egipto por Napoleón en 1798, y sus misivas interceptadas por los ingleses con las intenciones del emperador francés de intervenir en la zona del mar Rojo e India, firmando un tratado con Omán para tratar de evitar la influencia francesa en la península arábiga (Potts 2012, 179).

Rutas de comercio a mediados del XIX.

Aunque el aumento de la violencia marítima en el sur del golfo a principios del XIX causada por los Qawasim, una serie de tribus del sureste de la península arábiga, fue la excusa para  la intervención de la EIC contra éstos, y la posterior firma de los tratados que dieron origen a la presencia británica en la zona, la creación de una zona colchón para proteger la zona occidental del territorio controlado por la EIC frente a la influencia de otras potencias pudo haber sido el motivo principal que subyacía a esa excusa (Crouzet 2019, 5).

Tipo de Imperialismo y desarrollo

En este caso nos encontramos ante un modo de dominio indirecto, aunque este pasó por varias fases, condicionadas no tanto por la situación interna de los EE.TT., sino dentro del marco de luchas de poder entre las diferentes potencias coloniales. Sin embargo, hemos de decir aunque el dominio británico sobre el golfo Pérsico siguió su clásico modelo indirecto (Lloret, 32), sino que este no se ejerció desde Londres, sino que fue una empresa llevada a cabo por la colonia de la India que era a su vez un imperio semi-autónomo desde los inicios de la EIC, y después de ésta, del Gobierno de la India desde 1858, hasta al menos 1920. Este grado de autonomía quedaba patente en su política bien definida que chocaba numerosas veces con la dictada desde Londres (Crouzet 2019, 3). La influencia era tal, que casi podría considerarse una extensión de la India (Zahlan 1978, 3).

El dominio sobre los EE.TT. fue muy laxo, y la presencia británica en el Golfo muy escasa, siendo posiblemente la zona donde menos presencia hayan necesitado en todo el imperio, reduciéndose a los puestos del sistema de Residencia y las Agencias Políticas que estaban subordinadas. Por tanto, hemos de poner a los EE.TT. en una categoría diferente a la de los protectorados británicos y los estados protegidos del Imperio (Rabi 2006 354). Por utilizar el término del temario, fue el dominio más sutil de todos (Lloret, 37). Otra peculiaridad es que fue bastante tardío en penetrar en el interior, pues si bien hasta finales del siglo XVIII “el Imperio se contentó con controlar cabezas de puente y el entorno inmediato”, en el caso de los EE.TT. tuvo que esperar al menos un siglo más, con el descubrimiento del petróleo en la zona (Osterhammel 2015, 614).

En 1820, tras la derrota de los Qawasim, y con la primera firma del conocido como Tratado General de 1820, el Gobierno Británico de Bombay impuso su autoridad en la zona (Qawasim y otros jeques) a través del puesto del Residente Político, primero en la isla de Qishm, en el estrecho de Ormuz, trasladándola luego más al norte. Al ser una zona tan amplia, el Residente Político tenía una serie de agentes políticos subordinados por el Golfo, uno de ellos estacionado en uno de los emiratos, el de Sharjah en 1923. El puesto era denominado “Native Agency”, y normalmente estaba al cargo de un indio nativo musulmán (Potts 2012, 179). Sus labores principales eran la protección de los intereses británicos en la zona, hacer cumplir los tratados, y mantener las mejores relaciones posibles con los líderes locales (Onley 2009, 4). Para hacer efectivo el control británico en la zona, el Gobierno de Bombay estableció la Escuadra del Golfo en el estrecho de Ormuz, que constaba de 5 a 7 buques, y a partir de 1860, al disponer de buques de vapor, de 2 a 4.

Némesis y otros barcos británicos que se enfrentan a la basura china en la Segunda Batalla de Chuenpi, el 7 de enero de 1841. El Némesis era un barco a vapor de la EIC.

Hasta 1835, el dominio británico en los EE.TT. fue muy superficial, pero en ese año firman la primera tregua marítima, que los pone bajo la protección británica durante los 6 meses de la temporada de la perla, y que fue renovándose continuamente hasta 1943 (Onley 2009, 6-7). Estos tratados, aunque limitaban la autonomía de los EE.TT., habían sido firmados debido a la paz, estabilidad y prosperidad que trajo la firma del tratado. Se podría decir que en gran parte el acercamiento hacia los británicos era por propio interés de los líderes locales que incluso apelaban a un mayor intervencionismo local (Onley 2009, 7). Por otra parte, tampoco había demasiada opción, ya que la debilidad de los EE.TT. les hacía depender de algún protector, que debía ser alguna potencia de la zona (Onley 2009, 2).

El éxito de las treguas hizo que en 1843 se ampliara a una de 10 años de duración, pero bajo los mismos términos. Al finalizar esa década, se firma una tregua marítima perpetua, tras 17 de éxito. Hasta ahora la autonomía de los EE.TT. era bastante grande, aunque la protección de los EE.TT. corría a cargo de los británicos (Onley 2009, 8).

La lucha entre los imperios coloniales, con la amenaza en el golfo de otomanos, alemanes, franceses y rusos, hace que los británicos reafirmen aún más su control sobre los EE.TT. Para asegurarse la lealtad de los estados del golfo, se les hace firmar los Acuerdos de Exclusividad. En el caso de los EE.TT., los firman entre 1888 y 1892. Esto supondrá una gran pérdida de autonomía, ya que su política exterior pasa a depender de los británicos (Onley 2009, 10). También se desarma a los EE.TT. en 1902, al negarles mediante otro tratado la exportación e importación de armas. De este modo, antes de la I Guerra Mundial, los EE.TT. estaban bien integrados en la esfera de influencia británica (Zahlan 1978, 26).

Funciones élites locales

Las funciones tradicionales de los líderes locales apenas se alteraron, ya que incluso tras los acuerdos que restaban autonomía a finales del XIX, esta seguía siendo grande. Hasta el descubrimiento en los EE.TT. de petróleo en la década de 1930, los británicos se limitaron a hacer de policía en la zona, preservando la ley y el orden en pos de la estabilidad y la prosperidad, pero esta segunda como fin para llegar a la primera (Onley 2009, 11).

A pesar del dominio indirecto británico, con frecuencia habían intromisiones en los asuntos políticos internos de los emiratos para proteger las vidas y propiedad de los súbditos británicos que habían en ellos, en su mayoría mercaderes indios. En ocasiones se empleaban métodos directos frente a dirigentes locales que no deseaban cooperar, ya sea a través de castigos, o sustituyéndolos por otros más dóciles (Onley 2009, 12-13). Y es que el reconocimiento o el apoyo de los líderes locales se hacía a conveniencia de los intereses políticos británicos, o siguiendo consideraciones tácticas del “divide y vencerás”, y no tanto respetando las realidades locales (Niklas 2018, 278). El no reconocer a un líder local suponía hacerlo vulnerable a golpes de estados, o una secesión en la tribu, debilitándola (Onley 2009, 12).

Aunque hemos indicado anteriormente que los emiratos fueron perdiendo autonomía, también hemos de indicar que eran compensados por ello. Recibían estos subsidios a cambio de no conceder derechos de explotación minera, o el atraque de barcos de otros estados sin el permiso británico. Esto iba enfocado a evitar el establecimiento de otras potencias como Alemania, Rusia o Francia en la zona, en el marco de lucha de potencias imperiales por el mundo a finales del XIX (Potts 2012, 187) .

Trato de población local

Los subsidios mencionados anteriormente, o mejor dicho, cualquier tipo de medida beneficiosa para los líderes locales, no tenía porqué repercutir positivamente en la población local. Es más, incluso el fortalecimiento de estos líderes podía resultar contraproducente a veces, haciéndolos más despóticos, sin necesidad de apoyarse tanto en el sustrato local, ya que contaban con el apoyo británico, gobernando más a espaldas de su población (Onley 2009, 5).

La población local, aunque no se vio sometida a un control directo de las autoridades británicas, sí que padecieron un dominio de otro tipo, en este caso financiero. A pesar de la prosperidad que trajo la explotación de las perlas por parte de los locales, este modelo de producción requería de una fuerte financiación, que estaba controlada por los comerciantes indios que se establecieron en la zona. Esto produjo altos niveles de endeudamiento y problemas sociales, y entre los líderes locales que acogían a los deudores de los rivales. Los británicos, por supuesto, defendieron los intereses indios (Crouzet 2019, 8-9). Estos comerciantes indios supusieron la principal población foránea en la zona, y como súbditos de la Corona, debían de ser tratados con sumo cuidado por los locales, lo cual podríamos considerar como una situación de inferioridad de estos en sus propias tierras (Zahlan 1978, 5).

El balance general del trato a la población lo podemos resumir como positivo, a lo cual hay que añadir otro más de gran importancia. Las autoridades británicas redujeron la esclavitud en el golfo a través de diversos tratados con los líderes locales (Commins 2012, 78). Merece la pena comparar la gestión de la EIC de los asuntos de los EE.TT., que es totalmente opuesta a la de otra compañía, la del Rey Leopoldo de Bélgica en el Congo. Por un lado control indirecto, abolición de la esclavitud, interés en estabilidad de la zona y en un comercio próspero de perlas hacia Occidente, frente a un control férreo, esclavista brutal, y de extracción de recursos.

Alteridad

Analizaré la alteridad desde un fenómeno que fue el que propició la intervención y sometimiento de los EE.TT., la piratería.

Nos encontramos también con un choque cultural. Por un lado tenemos la visión británica de su fenómeno propio de la piratería en el océano Atlántico y mar Caribe en los siglos XVII y XVIII, que se percibía desde un halo romántico de villanos y rumores de tesoros ocultos. Sin embargo, todo acto de violencia marítima en las aguas del golfo Pérsico era considerado como un acto de piratería, pero sin ese halo de romanticismo, en lo que era una generalización de un fenómeno más complejo y que vinculaba Jihad y financiación para construcción estatal de los Wahhabíes a través del tributo pagado por los Qawasim (Al-Otabi 1989, 166). De hecho, las fuentes árabes, aunque coincidían en que se cometían actos de piratería en el golfo siguiendo la definición legal inglesa, discrepaban en cuales lo eran (Risso 2001 316-317).

Finalmente, la visión del otro, del árabe pirata que homogeneizaba todo acto de violencia marítima, se impuso por la fuerza y a través de tratados entre 1790 y 1820 desde la EIC (Risso 2001 318). También debemos señalar que esta visión del otro como “una raza de ladrones depredadores sin ley” se pretendió modificar dicho estatus de “salvajes” por el de unos súbditos útiles, fomentando el comercio de perlas y otros productos (Crouzet 2019, 5).

Conclusión

La implicación británica en los posteriormente conocidos como Estados de la Tregua fue una política dirigida desde la EIC para proteger sus dominios en la India. Su intervención, y luego la del gobierno colonial en la India se limitaba principalmente a mantener la zona estable, implicándose principalmente en los asuntos intertribales y en menor medida dentro de cada tribu, siempre y cuando afectaran a los intereses de la Corona.

Tenemos por tanto uno de los ejemplos de dominio indirecto más laxos de todo el Imperio Británico, con escasa intervención, tanto para lo bueno, como para lo malo, ya que hubieron escasas inversiones. Con el petróleo hallado en la zona tras la IGM, aumenta la importancia de las vías de comunicación. Esta búsqueda del control de la estabilidad en la zona la heredó EEUU en 1971 y sigue siendo el “guardián” en la zona, garantizando en este caso la seguridad energética.

Bibliografía:

Al-Otabi, Mubarak. 1989, “The Qawasim and British control of the Arabian Gulf.” PhD thesis, Universitad de Salford.

Burbank, Jane y Frederick Cooper. Imperios: una nueva visión de la historia universal. Barcelona: Crítica, 2011

Commins, David. 2012. «The Gulf States: A Modern History.» Londres: I.B.Tauris & Co Ltd.

Crouzet, Guillemette. 2019. «The British Empire in India, the Gulf pearl and the making of the Middle East.» Middle Eastern Studies, Vol. 55, no. 6 (abril): 864-878.

Niklas A. Haller (2018) Selective Recognition as an Imperial Instrument: Britain and the Trucial States, 1820–1952, Journal of Arabian Studies, vol. 8 no. 2, 275-297

Potts, Daniel. 2012. “In the land of the Emirates: The archaeology and history of the UAE.” Abu Dhabi: Trident Press y Sultan bin Zayed’s Culture and Media Centre.

Onley, James. 2009. “Britain and the Gulf Shaikhdoms, 1820–1971: The Politics of Protection.” CIRS Occasional Paper (SFS, Georgetown University), vol. 4: 1-44.

Osterhammel, Jürgen. La Transformación del mundo: una historia global del siglo XIX. Barcelona: Crítica, 2015.

Rabi, Uzi. 2006. “Britain’s ‘Special Position’ in the Gulf: Its Origins, Dynamics and Legacy”. Middle Eastern Studies, vol. 42, no. 3 (mayo): 351-364.

Risso, Patricia. 2001. «Cross-Cultural Perceptions of Piracy: Maritime Violence in the Western Indian Ocean and Persian Gulf Region during a Long Eighteenth Century.» Journal of World History, Vol. 12, no. 2 (Fall): 293-319

Zahlan, Rosemarie. 1978. “The Origins of the United Arab Emirates: A Political and Social History of the Trucial States.” Londres: The MacMillan Press LTD.