La idea de Rusia como una de las líderes en el campo espacial bebe mucho de sus glorias de la era soviética. Pero «el rey va desnudo» y ha sido la guerra quien ha expuesto las carencias de los satélites de Rusia en Ucrania. Así que hemos pasado de una URSS capaz de lanzar el primer satélite, el Sputnik o de enviar al primer ser humano al espacio, a una Rusia solicitando ayuda a China para obtener inteligencia de imágenes satelitales. Analizaremos esta última debilidad.

De líder espacial a dependiente estratégico

Rusia, heredera de aquel legado soviético, se encuentra en una posición paradójica en el siglo XXI. En el contexto de la guerra en Ucrania, ahora camino de su tercer año, Rusia no solo enfrenta desafíos para apoyar a sus tropas con imágenes satelitales adecuadas sino que también ha llegado a depender significativamente del apoyo de China, una nación que, en tiempos de la URSS, no era un competidor en el escenario espacial.

Los Estados Unidos han advertido a sus aliados que China ha intensificado su apoyo a Rusia, proporcionando inteligencia geoespacial, imágenes satelitales para fines militares, y una gama de tecnologías y materiales, desde microelectrónica, maquinaria industrial, óptica, motores, etc., para uso militar. Este apoyo refleja no solo la alianza establecida bajo lo que Xi Jinping y Vladimir Putin describieron como una amistad sin límites, sino la dependencia de Rusia como el socio menor de China.

La constelación militar rusa

A mediados de 2022 Rusia contaba con 172 satélites en órbita, que según su tipo, se clasificaban de la siguiente manera. 73 militares, 17 gubernamentales, 8 civiles, 39 comerciales y 35 de uso potencial dual. De los militares, pertenecientes a las Fuerzas Espaciales (VK), Rusia tiene 43 satélites de comunicaciones, 20 de observación terrestre (3 electroópticos, 10 de SIGINT/ELINT, 2 de radar de apertura sintética y 5 de alerta temprana) 2 para ciencia terrestre, 2 de observación del espacio y 6 de desarrollo tecnológico. 

En comparación, Estados Unidos y China superan a Rusia con más de 2.200 y 451 satélites, respectivamente. Para más inri, muchos de los satélites rusos operan más allá de su vida útil y necesitan un reemplazo. Rusia no puede competir ni en cantidad ni modernidad en cuestión de satélites. Por otro lado, está la gran cantidad de satélites de observación civiles que prestan apoyo a Ucrania, y que sobrepasan por mucho a la cantidad y calidad que tiene Rusia.

Inversiones Espaciales Rusas: Ambición vs. Realidad

En 2022, Rusia intentó contrarrestar las sanciones occidentales manteniendo su inversión en capacidades espaciales militares. Para ello, contó con un presupuesto estable de casi 4.000 millones de dólares para 2023, 2024 y 2025. Además, mejoró su presencia en el espacio lanzando una gama de satélites militares. Esto incluye la expansión de su constelación GLONASS con tres nuevos satélites M y K, dos satélites Lotos-S1 de ELINT, un satélite Meridian-M de comunicaciones, un satélite de alerta temprana Tundra, tres satélites inspectores, un satélite de cartografía Bars-M, dos pequeños satélites de imágenes EO-MKA/EMKA, y el satélite Neitron para imágenes radar. 

La resolución de 30 cm de la compañía Maxar le da capacidades superiores a las Fuerzas Espaciales rusas.

A pesar de los esfuerzos, no son suficientes. Aunque lanzó tres satélites GLONASS, se habían retirado otros tres de servicio. Tiene 14 de los 25 satélites obsoletos y los planes hasta 2030 son simplemente para sustituirlos. Uno de los satélites de imágenes ópticas falló al estar apenas un mes en órbita. A pesar de que el punto fuerte de Rusia es su respetable constelación de satélites de comunicación, en la guerra parece que han habido problemas. También con los sistemas satelitales civiles de comunicación. Las posibles razones, según Pavel Luzin, son debido a la baja calidad de la mayoría de sus satélites y a deficiencias en los equipos terrestres y la estructura de mando. 

Satélites de imagen óptica

La VK tan solo cuenta con tres satélites de este tipo, dos del tipo Persona y uno experimental y de pequeño tamaño EMKA. Los Persona están desfasados, pues su hardware y arquitectura son de época soviética y están operando más allá de su vida útil. Su resolución es de entre 0,5 y 0,3 metros. El EMKA se va a los 0.9 metros.

Rusia no puede acceder a un mercado civil como el occidental, con una poderosa constelación de satélites. Pero puede añadir nueve satélites de las familias Resurs y Kanopus de la empresa Roscosmos. La utilidad de estos es muy limitada por dos motivos. El primero es su baja resolución. El segundo, que sus tasas de revisita oscilan entre 3 y 15 días.

Sobre su utilidad, dijo así el coronel Igor Smirnov, ex jefe de la Dirección de Inteligencia Espacial del GU:

«Resurs y Kanopus no son capaces de realizar ni reconocimiento multiespectral ni reconocimiento fotográfico detallado. Estos satélites solo pueden dar una idea del panorama general. Pero basándose en sus datos, es imposible, por ejemplo, construir un sistema de designación de objetivos para los misiles Kalibr.» 

La ventaja ucraniana

Gracias al apoyo aliado, Ucrania se encuentra en una clara ventaja en este campo. Aquí tiene razón el relato ruso cuando dice que combate contra toda la OTAN. La constelación aliada es muy superior a la rusa. Lo más reseñable de esto es que gran parte de esta ayuda proviene de una empresa civil, Palantir. De esto ya hablamos en esta entrada:

Ucrania tiene acceso a imágenes de alta resolución del sector civil. Estamos hablando de satélites que aportan unas calidades excelentes. Al menos hasta enero de 2024, empresas como Airbus Defense and Space, Maxar Technologies, Planet Labs, etc, son capaces de proporcionar imágenes con resoluciones de hasta 30 centímetros por píxel, lo que permite distinguir objetos de tan solo 30 centímetros de tamaño a través de las fotografías. Incluso hay tecnologías como la de la compañía Maxar que con su software llega a los 15 cm. No sabemos cuál es el máximo de resolución al que puede acceder Ucrania, pero el potencial es enorme. Unas calidades potencialmente superiores a las rusas. La resolución de los escasos satélites de reconocimiento óptico rusos Persona es de 30/50 cm. Si incluimos a los satélites militares norteamericanos, entonces la diferencia es abismal. Estaríamos hablando del orden de 5 cm. 

Una imagen de la plataforma de lanzamiento dañada en el puerto espacial Imam Khomeini después de la explosión de un cohete el 29 de agosto de 2019, que se especula que fue tomada por un satélite de reconocimiento óptico norteamericano KH-11. La resolución es de aproximadamente 10 cm/px.

El ejército ucraniano además de acceder a mejores imágenes, lo hace con mayor frecuencia. Puede obtener fotografías de alta resolución de cualquier área del frente al menos dos veces al día. Esto siempre en condiciones climáticas favorables, ya que las nubes impiden su uso. Para ello accederían a imágenes radar SAR. En contraste, el ejército ruso sólo puede obtener una imagen del misma área aproximadamente una vez cada dos semanas. Y estas imágenes son de calidad inferior en comparación. La diferencia es abismal, de ahí que Rusia pueda aprovechar tan poco sus capacidades de ataque de largo alcance. No puede generar muchos objetivos. Y su aviación de reconocimiento no puede penetrar en profundidad. Al final, como indicaban los informes de RUSI, Rusia depende más de los informadores en territorio ucraniano. Es decir, del HUMINT.

Esta mayor sensorización en la cadena de ataque (kill-chain) ucraniana, junto a las bondades de Palantir, permiten a sus cuarteles generales obtener 300 objetivos diarios. Sus equivalentes norteamericanos o británicos en Irak en 2003 llegaban a tan solo 10. Rusia anda en este aspecto 20 años atrasada. 

De todos modos, no todos son luces para los ucranianos. Tienen muchos más objetivos de los que pueden abatir. Principalmente por 2 motivos: falta de munición y carencia de armas de largo alcance. Ya sabemos los problemas que se les están poniendo para acceder a los Taurus, o el número escaso de Scalp-EG. Aún así, están aprovechando su capacidad de inventiva para alcanzar en lo más profundo del territorio ruso.

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