La influencia de las normas globales sobre la organización y las actividades sociales es un fenómeno ampliamente reconocido, que se extiende también al ámbito militar. Este artículo explora cómo las normas internacionales moldean las estructuras y estrategias militares, reduciendo la diversidad entre los países. Sin embargo, este proceso de homogenización puede afectar a la efectividad militar, ya que las fuerzas armadas tienden a adoptar modelos que podrían no ser los más adecuados para sus contextos y desafíos específicos. Esta dinámica conduce al riesgo de construir ‘ejércitos de papel’, cuya capacidad real de respuesta y adaptación a las amenazas locales se ve significativamente mermada.

La principal fuente bibliográfica sobre este fenómeno es el libro «Creating military power: The sources of military effectiveness» (Brooks, 2007).

Cómo las normas globales forman ejércitos de papel

Brooks (2007) se enfoca específicamente en cómo las normas de guerra convencional, consideradas como una norma global, influyen en las decisiones o comportamientos de los estamentos militares. Estas normas sugieren el uso de estructuras militares que requieren de una gran inversión, basadas en las tecnologías militares más avanzadas del momento. Podríamos denominarla como una perspectiva techno-friendly, si me permiten el anglicismo. Por tanto, los países, independientemente de su nivel de desarrollo o recursos disponibles, se ven influenciados por estas normas de guerra convencional. Esta influencia es significativa, incluso en aquellos estados que no tienen los recursos suficientes para mantener ejércitos de alta tecnología o que no enfrentan amenazas que justifiquen dichas capacidades militares.

Las insurgencias, como los talibanes, podrían transicionar a una fuerza militar convencional. Pero ello les haría perder su eficacia militar. Algo similar le ocurrió al ISIS, siendo derrotado.

El impacto de las normas globales sobre la efectividad militar revela un desafío. Por un lado, existe la propagación de prácticas militares internacionales; por otro, está la necesidad de que las fuerzas armadas se ajusten a sus propias realidades estratégicas y limitaciones de recursos. Por supuesto, hay que considerar también las ventajas, ya que estas normas globales pueden ayudar a extender el conocimiento y los estándares militares. La lección que hay que extraer es la importancia de equilibrar las influencias globales con las realidades locales y estratégicas al formular la política de defensa y las estructuras militares.

En el libro, el caso de estudio es el del ejército de Irlanda de principios del siglo XX. No es un caso especialmente conocido por el gran público, por lo que estudiaremos otro ejemplo más actual más adelante.

El caso de Irlanda. De una Guerra de Guerrillas eficaz, a una fuerza convencional ineficaz

Irlanda, tras lograr una independencia parcial de Gran Bretaña en 1921, se enfrentó al desafío de reorganizar su fuerza militar, que había operado principalmente bajo tácticas de guerra de guerrilla durante la lucha por la independencia. Esta reorganización le llevó hacia una estructura de defensa más convencional anticipándose a posibles amenazas futuras, especialmente de su antiguo colonizador.

Ejército irlandés en los años 30 del siglo pasado.

Irlanda se esforzó por construir un ejército que reflejara los estándares y normas globales de la época. Este cambio fue impulsado por el deseo de establecer un ejército profesional que pudiera ser reconocido y respetado a nivel internacional, además de proteger la soberanía del país frente a amenazas externas. Estas normas fueron importadas por los líderes del nuevo ejército irlandés y oficiales irlandeses formados en el extranjero. Esto es importante porque es un fenómeno imperecedero, y que vemos mucho en la actualidad. Militares de países con escasos recursos formarse o recibir cursos en grandes potencias.

La transición hacia una fuerza convencional trajo consigo varios desafíos. Uno de los principales fue la adecuación de las tácticas y estrategias militares a un país con recursos limitados y sin amenazas inmediatas de invasión a gran escala. La adopción de normas militares globales también significó la desvalorización de las tácticas de guerrilla, que habían sido una parte crucial de la lucha por la independencia de Irlanda.

Aunque la profesionalización del ejército era en sí una meta loable, la adopción acrítica de normas militares convencionales pudo haber limitado la efectividad militar de Irlanda. Esto se debió al no aprovechar plenamente sus propias fortalezas ni considerar adecuadamente su contexto estratégico específico.

El caso de Irán. Una estructura militar poco glamurosa pero efectiva

He utilizado el caso de Irán por ser bastante conocido por el público y a la vez incompredido por éste. A pesar de tener una fuerza militar convencional desfasada en muchos aspectos, es uno de los principales poderes regionales. Mientras los aficionados a temas militares intentan medir su poder militar a través de los cazas de combate que posee, Irán ha incrementado su poder regional constantemente.

Ejércitos de papel
El PIB de Irán es bajo en comparación con sus enemigos. Pero su estrategia asimétrica compensa sus debilidades. De adoptar un enfoque convencional, se debilitaría muchísimo su poder. Tal vez sus fuerzas terrestres en muchos aspectos puedan encuadrarse entre los ejércitos de papel de la región, debido a la alta exigencia que exige temas como la guerra de maniobra o armas combinadas.

¿Por qué Irán no adopta un comportamiento militar similar al de Israel?

En primer lugar, porque habría una desalineación de recursos y estrategia. El cambio a una estrategia convencional requeriría una inversión masiva en capacidad militar convencional, incluyendo tecnologías militares avanzadas y sistemas de armas de alto coste. Dadas las limitaciones económicas y sanciones que enfrenta Irán, tal enfoque podría no ser sostenible a largo plazo. No sólo no alcanzaría el objetivo de crear una fuerza convencional moderna, sino que desviaría recursos de otros métodos de guerra asimétrica que han demostrado ser eficaces a un costo menor.

La estrategia asimétrica de Irán le permite proyectar poder e influencia en la región de manera eficiente. Esta se basa en el apoyo en proxies y utilizando tácticas que pueden eludir las defensas convencionales de los adversarios. Por ejemplo, el uso de misiles de crucero, balísticos o drones, en especial a través de sus proxies. Un giro hacia la convencionalidad podría reducir su capacidad para realizar operaciones encubiertas y ejercer influencia en conflictos regionales de manera flexible y eficiente en términos de recursos. Abandonaría la zona gris en la cual está tan cómoda.

Ejércitos de papel
Irán se ha enfocado en desarrollar capacidades asimétricas, como los misiles balísticos. Con ellos, puede atacar a toda la región. Las defensas antimisiles no garantizan una protección plena. De este modo, sabiendo Irán que no puede competir con las otras fuerzas aéreas, tiene la capacidad de devolver castigo.

Irán no puede competir en el campo militar convencional contra el PIB de sus adversarios (Israel, Arabia Saudí, etc) y su superioridad tecnológica. La adopción de una postura convencional expondría a Irán a mayores riesgos frente a estos adversarios con superioridad militar convencional. La fuerza de Irán en el contexto actual reside en su capacidad para negar una victoria fácil a sus oponentes a través de tácticas asimétricas. Esto se esfumaría en el momento en el cual se enfrentase en una guerra convencional a sus adversarios.

Conclusión

Este artículo pretende dar a conocer un aspecto clave que puede debilitar a un estado a tal punto que le garantizara la derrota. Todo ello, sin que la mayoría de la comunidad se viera alertada de ello. Hemos visto cómo algunos ejércitos, arrastrados por la «War on terror» de los Estados Unidos, han centrado demasiado sus fuerzas armadas a la contrainsurgencia, o a los «compromisos internacionales». Las normas globales «exigían» fuerzas armadas adaptadas a las «Nuevas Guerras«, descuidando sus pricipales amenazas.

La Guerra de Ucrania, por otro lado, ha expuesto que las normas globales que difundían un modelo de ejército pequeño, pero profesional y muy tecnológico, son ejércitos de papel. Carecen de la capacidad de aguantar más allá de un periodo corto de combate en un conflicto de alta intensidad contra un rival similar. La capacidad industrial de esos países es también incapaz de hacer frente a las demandas de una guerra convencional.

La influencia de dichas normas globales ha supuesto la creación de ejércitos de papel en las grandes potencias del mundo desarrollado. Salvo en una, EEUU.

Bibliografía:

  • Brooks, R. (2007). Creating military power: The sources of military effectiveness. Stanford University Press.

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