A raíz de la polémica de los YouTubers y Andorra, han saltado numerosos comentarios de gente que toma el liberalismo como su Biblia, poniendo una fe en él inusitada. Por tanto, se me ha ocurrido compartir lo que dice el economista turco Dani Rodrik, profesor de Economía Política Internacional en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de Harvard.

Señala Dani Rodrik en su capítulo (ver al final del todo), que la economía no es simplemente una forma de administración de empresas. Hay costes aparte de los del mercado que hay que tener en cuenta cuando se evalúa una mayor o menor apertura del comercio. Si sólo valoramos el balance de las pérdidas de los productores nacionales, obviamos los costes sociales, que suelen ser despidos y/o empobrecimiento de los sectores perjudicados en la redistribución de ingresos que sigue a la liberalización del comercio. Estos serían los trabajadores, que son la mayoría que ahora andan compartiendo posts y soflamas liberales.

En el libre comercio, además, las empresas pueden obtener una ventaja competitiva, no porque sean más productivas o tengan más mano de obra, sino porque sus trabajadores carecen de los derechos y sueldos que en los países desarrollados. De ahí las deslocalizaciones.

Según Rodrik, para que se promueva el libre comercio se deberían de cumplir dos circunstancias. La primera, es que los beneficios del libre comercio sean menores a los perjuicios que ocasiona en el país que se reducen las barreras comerciales. El libre comercio tiene unos efectos en el país que abre su economía al exterior. El principal es que los sectores en los cuales este tiene la ventaja comparativa, se expandirá, pero en los que no, se contraerán, generando una serie de pérdidas a largo plazo.

Normalmente los grupos afectados por estas pérdidas de ingresos serán los trabajadores menos cualificados y menor movilidad, y lo que es peor, lo serán de manera constante, ya que van a ser golpeados siempre en la redistribución de ingresos.

Además, la reducción de las restricciones al comercio internacional tiene rendimientos decrecientes, por lo que a mayor apertura, los efectos distributivos mencionados anteriormente serán mayores. Esto implica para Rodrik, que dicha liberalización tiene más sentido en países con políticas muy proteccionistas, y allí sí pueden resultar beneficiosos, pero no en muchas economías actuales donde los aranceles son muy bajos, por ejemplo. Es decir, promover el libre comercio en estos últimos, apenas generaría beneficios, pero sí grandes costes sociales.

La segunda es que el comercio internacional no implique prácticas o efectos considerados negativos, como mano de obra infantil, daño en el medio ambiente, etcétera.

El autor, por tanto, distingue el proteccionismo puro y duro de la liberalización comercial total, pues ambos son bastantes perniciosos. Aboga más por aquellas redistribuciones que proporcionen grandes ganancias netas, pero que no incumpla con las normas vigentes y los contratos sociales en el propio país.

Tras lo anterior, el autor, en un ejercicio hipotético, señala ya más específicamente las difíciles condiciones en las cuales el libre comercio puede ser beneficioso. Distingue dos posibles resultados beneficiosos, por un lado el de aumentar el nivel de ingresos reales totales, y por el otro, el de crecimiento económico.

Para que el libre comercio genere un aumento del nivel de ingresos, y sabiendo que la redistribución generará beneficiados y perjudicados, se debería gravar con impuestos a los primeros para compensar a los segundos (lo que algunos llaman un robo). Pero esto solo se daría bajo unas circunstancias un tanto estrictas: liberalización total de las importaciones; pocas imperfecciones de mercado; pleno empleo; efectos de la redistribución deseables socialmente; y finalmente, la liberalización ha de ser ser viable políticamente.

Para que genere crecimiento económico, las condiciones son más estrictas, y aunque habría un crecimiento a nivel global, los países con menor nivel de dotaciones de factores y desarrrollo tecnológico, se verían perjudicados.

Fuente:

Capítulo 3 – ¿Por qué no todo el mundo entiende las ventajas del libre comercio?». En: Rodrik, Dani. La paradoja de la globalización: Democracia y el futuro de la economía mundial. Barcelona: Antoni Bosch, 2012. p. 67-86. ISBN 9788495348616.

 

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