Desde finales del siglo XV hasta el siglo XX, los estados europeos se involucraron en guerras interestatales aproximadamente el 75% del tiempo. Este constante estado de conflicto armado, no solo condujo a avances tecnológicos y tácticos, sino también al desarrollo de ejércitos permanentes y a la expansión de burocracias estables. A su vez, estas burocracias estables permitían hacer la guerra a una mayor escala. Esta dinámica de «guerra y preparación para la guerra» otorgó a los estados europeos una ventaja sobre otros sistemas políticos. Esto dio como resultado la hegemonía de Europa en la Historia reciente.

La Gran Divergencia y la Hegemonía de Europa

Es lo que se denomina la «Gran Divergencia». Un proceso a través del cual, a partir aproximadamente del siglo XVIII, las regiones de Europa Occidental, y más tarde Norteamérica, comenzaron a experimentar un crecimiento económico y un avance tecnológico significativamente mayor en comparación con otras partes del mundo. Este fenómeno llevó a una disparidad marcada en términos de ingreso per cápita, industrialización y estándares de vida entre el Occidente y el resto del mundo. Otros teóricos sitúan la Gran Divergencia en otros momentos.

Las causas de la Gran Divergencia han sido y son objeto de intenso debate académico. Aquí no se pretende dilucidar cuales de los factores que se suelen manejar fue el más importante. La gama es muy amplia. Se suelen barajar institucionales, geográficos, culturales, tecnológicos y otros relacionados con la política global y la economía mundial. Algunos atribuyen la divergencia al auge del capitalismo y la innovación tecnológica en Europa, mientras que otros señalan la importancia de las instituciones políticas y económicas, la colonización, la acumulación de capital y el acceso a recursos globales.

Piqueros suizos esperando la carga de caballería con sus picas en una formación cerrada. El continuo ciclo de guerras entre los estados en Europa fue uno de los factores que conformaron estos y que permitieron la hegemonía de Euorpa. Imagen: Devianart/@wraithdt.

Vamos a ver una de estas perspectivas que puede resultar interesante. Es la de Charles Tilly (2017). Basándonos en ésta, fue a través de la combinación y la evolución de los medios de coerción y acumulación de capital y, en particular, en la frecuencia de las guerras interestatales europeas, las que dieron la hegemonía a Europa a nivel global.

Formación del Estado en Europa

Tillys (2017) distingue cuatro fases en la formación del Estado en Europa. Son las que marcan la transición de la relación entre el capital y la coerción:

  1. Patrimonialismo (hasta el siglo XV): la guerra era hecha por tribus, milicias, levas feudales, etc. Los monarcas extraían capital en forma de tributos o rentas de las tierras y poblaciones bajo su control directo.
  2. Brokerage (1400 a 1700): las actividades militares estaban dominadas por fuerzas mercenarias y contratistas. Los gobernantes dependían en gran medida de capitalistas formalmente independientes para préstamos, administración de empresas y recaudación de impuestos.
  3. Nacionalización (1700 a 1850): creación de ejércitos y armadas masivas basados en su propia población. Los soberanos incorporan las fuerzas armadas y aparato fiscal en la estructura administrativa del estado.
  4. Especialización (mediados del s. XIX a finales s. XX): la fuerza militar se convirtió en una rama altamente especializada del gobierno nacional. Hubo una separación organizativa entre las actividades fiscales y militares. División del trabajo entre ejércitos y policías, y una creciente influencia de instituciones representativas sobre los gastos militares.

Así que, siguiendo la obra de Tilly (2017), los estados europeos lograron imponerse sobre otros estados o imperios principalmente a través de la combinación y la evolución de sus medios de coerción y acumulación de capital. Los estados que pudieron o supieron manejar eficazmente estas dos fuerzas fueron los que emergieron y se mantuvieron dominantes.

Coerción y Capital

Por coerción se entiende como la capacidad para imponer el orden a través de la fuerza o la amenaza de la fuerza, y el capital, en el sentido de recursos económicos y su acumulación. Ambos funcionaron de la mano para establecer y expandir el poder estatal. Según esta perspectiva, los estados-nación europeos fueron capaces de desarrollar ejércitos permanentes y burocracias complejas, lo que les permitió proyectar su poder más eficazmente y participar en la guerra y la expansión territorial de manera más exitosa que otros.

Esta preparación para la guerra fue un factor decisivo que dio forma a las estructuras de poder de los estados. Las guerras frecuentes y los avances tecnológicos y tácticos en la guerra contribuyeron al desarrollo de ejércitos permanentes y al crecimiento de burocracias permanentes en los estados europeos.

Otro factor crucial fue la habilidad de estos estados para financiar sus ambiciones militares a través de sistemas fiscales y financieros sofisticados. Los estados europeos también se beneficiaron del sistema de competencia entre estados. Esta alta competitividad incentivó la innovación y la eficiencia, además de la capacidad de adaptarse y transformarse en respuesta a los cambios en el panorama político y militar.

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Los Estados de la Tregua y el Imperialismo inglés

Bibliografía:

  • Buzan, B., & Lawson, G. (2013). The global transformation: The nineteenth century and the making of modern international relations. International studies quarterly57(3), 620-634.
  • Tilly, C. (2017). Coercion, capital, and European states, AD 990–1990. In Collective Violence, Contentious Politics, and Social Change (pp. 140-154). Routledge.

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