El título «La tecnología no gana guerras» puede parecer muy polémico. Y más, cuando la influencia de la tecnología en el resultado de la guerra es posiblemente la idea más instalada en el público aficionado a temas de defensa. Incluso en el más especializado. El ejército con el armamento más avanzado es el que gana la guerra. No es comprensible, salgo carencias muy graves en otros campos, que la tecnología no se imponga. Sin embargo, veremos que esto es mucho más complejo.

Escuela de tecnología diádica

Podríamos decir que es la dominante (sobre la sistémica). Es la que mantiene que la superioridad tecnológica afecta individualmente a los estados. Es decir, si un país tiene fuerzas militares más modernas en lo que se refiere a tecnología, va a estar mejor situado que el otro, indiferentemente de si es el atacante o el defensor.  

La premisa de la escuela diádica se basa en la idea de que la tecnología superior proporciona mejores capacidades ofensivas y defensivas. Esto podría incluir mayor precisión, alcance, mayor letalidad y mejor protección para las fuerzas armadas que la utilizan. La expectativa es que estas ventajas tecnológicas se traducirán en una mejor efectividad en el campo de batalla. Esto conllevaría a tasas de éxito más altas en operaciones militares y, finalmente, a una victoria en la guerra.

Ejemplos del triunfo de la tecnología

Hoy en día, la tecnología superior se considera esencial para contener las pérdidas en la guerra, lo que alimenta la creciente presión para una modernización más rápida para mantener o extender las ventajas sobre posibles oponentes. Un ejemplo de esto nos lo dio Karber sobre la Guerra de Ucrania de 2014.

Según Karber, el impacto de la disparidad en la modernización entre las fuerzas de carros de combate ucranianas y rusas en el Donbass fue empíricamente medible. Contra carros de igual generación y capacidad, los artilleros ucranianos en general habían podido lograr tasas de pérdidas favorables. Esto se invirtió, cuando se introdujeron los modernos T-72B3 rusos, con los ucranianos perdiendo tres carros por cada uno destruido. En cinco enfrentamientos de entidad compañía1 documentados en los que habían participado los T-90, los ucranianos han sufrido el doble de pérdidas normales y no hubo evidencia de que hubieran podido destruir a un solo T-90.

El T-90M es el carro más moderno del arsenal ruso. Pero sigue con el gran defecto del cargador en carrusel, que limita tanto la supervivencia del vehículo y su tripulación.

Este efecto de la superioridad tecnológica rusa se ha constatado en la invasión de 2022. Al menos en cuestión de carros. El teniente Oleksander Romanchuk, de 31 años, jefe de una compañía de carros de la 17º Brigada de carros y con diez años de experiencia dijo al respecto esto: «Aquí es donde la calidad de lo que tenemos es importante. Si te encuentras con un T-90, necesitas tres de los nuestros para encargarte de él, o mucha suerte«. Los carros con los que contaba la brigada eran básicamente T-64 y T-72 ligeramente modernizados.

Además, un informe del RUSI basado en la información aportada por los militares ucranianos, confirmó esto mismo. Dice así: «los tanques rusos al comienzo de la guerra generalmente tenían mejores sistemas de protección y observación y podían atacar objetivos desde una distancia mayor. Para enfrentamientos de corto alcance, estas diferencias en la protección y el rendimiento de los sensores fueron menos relevantes, pero ofrecieron importantes ventajas técnicas a Rusia en enfrentamientos de medio alcance.«

Pero estas evidencias no se han trasladado más allá del plano táctico, y en situaciones particulares de carros contra carros. Un tipo de combate, por otro lado, no muy frecuente. Esta superioridad tecnológica no ha tenido efectos en el ámbito operacional, y mucho menos estratégico. Aunque hay ejemplos que sí pueden trasladarse al nivel operacional tal y como vimos aquí:

Más tecnología, más caro, menor número

Se suele mantener que la tecnología: uso de computadores por doquier, GPS, BMS, mayor conectividad, etc, implica que menores fuerzas tienen mayor impacto en el campo de batalla. Sin embargo, en ciertas funciones militares esto no es así. Apoderarse, retener y ocupar un territorio, pueden requerir un cierto número de soldados, sin importar lo avanzado que sea su equipo. Por ejemplo, asegurar un área urbana donde la línea de visión es limitada y las armas de precisión tienen una utilidad también limitada, requiere casi el mismo número de unidades de infantería que se necesitaron en la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de las capacidades del B-2, su escaso número es un factor limitante. Cualquier pérdida supone una reducción drástica de su flota.

Otro hándicap, es que con fuerzas más pequeñas, cada elemento individual de la fuerza representa un mayor porcentaje de su poder de combate. Por lo tanto, cada víctima o pérdida de equipo tiene un costo mayor en la capacidad de la fuerza para sostener operaciones de combate de alta intensidad a lo largo del tiempo, especialmente si la fuerza está dispersa en un amplio teatro o en múltiples teatros de operaciones. Por ejemplo, la pérdida de un sólo B-2, supone que EEUU se queda sin la veinteava parte de su flota de bombarderos estratégicos furtivos.

La tecnología no gana guerras

La evidencia empírica no apoya fuertemente a la Teoría Diádica. Los datos mostrados en la tabla de abajo indican que, en los casos estudiados, la superioridad tecnológica predijo correctamente el resultado de tan solo 8 de 16 guerras. Esto sugiere que tener un armamento más sofisticado no es más predictivo que el azar para determinar quién vence en un conflicto armado. Por lo tanto, aunque la Escuela Diádica proporciona un marco lógico para predecir los resultados de la guerra, su efectividad en la práctica es cuestionable según los datos históricos.

Esto refleja, entre otras cosas, que el poder militar, no tanto como recurso, sino como resultado, es mucho más complejo que el nivel tecnológico del armamento. Y no menos importante, que la guerra es mucho más compleja como para ser determinada por un solo factor material. Es más, incluso a nivel táctico, la tecnología puede no ser tan determinante.

La famosa batalla de 73 Easting, se redujo por algunos a ser solo fruto del resultado de la aplastante superioridad de los blindados estadounidenses. Pero, esto es solo uno de los muchos mitos de la Guerra del Golfo de 1991. Posteriormente se hicieron simulaciones utilizando el sistema JANUS del Laboratorio Lawrence Livermore. Los resultados fueron esclarecedores. Cuando se modeló que las tripulaciones iraquíes usaban tácticas de armas combinadas efectivas, infligieron pérdidas de 50 vehículos, más del 70% de la fuerza del 2º Regimiento de Caballería Blindado. Eso sí, la fuerza iraquí quedaba completamente destruida. Pero no hay que olvidar que tanto Bradleys como Abrams eran superiores, sobre todo de noche, al material homólogo iraquí. Y también se tuvo en cuenta en la simulación los efectos de la supremacía aérea estadounidense.

Conclusión

Como hemos visto en el caso de las simulaciones de 73 Easting, puede haber una gran diferencia en el poder militar como resultado cuando los recursos son aplicados de manera más inteligente. Es por ello que hay que estudiar muchos otros factores tan importante o más que el tecnológico. Factores que aumentan el poder militar y que requieren mucha menos inversión. Esto es importante ante sistemas de armas cada vez más caros y presupuestos de defensa que no aumentan.

También podríamos entrar en el debate de la adquisición de tecnologías muy avanzadas, pero no adaptadas a la guerra que se va a enfrentar. O la creación de cuellos de botella que desaprovechan el armamento adquirido. Por ejemplo, comprar muchos misiles Taurus, y no tener elementos para adquirir los objetivos. Pero no es son el objeto de este artículo.

Hay numerosos estudios que intentan desentrañar cuál es la mejor manera de poder predecir la victoria en una guerra interestatal. Estos están también muy relacionados con la creación del poder militar. Conseguir dar con las claves correctas es muy importante para poder ser lo más eficiente en la creación del poder militar. Aunque hay que aceptar que no todas las variables son modificables por el liderazgo de un estado.

Bibliografía Principal:

  • Biddle, S. (2004). Military Power: Explaining Victory and Defeat in Modern Battle. Princeton University Press.

Notas

  1. Un batallón de carros ruso estándar tiene 31 tanques: 3 compañías de 10 carros cada una, más el carro del jefe del batallón. ↩︎

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